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Curso de productos financieros: Parte 1

LA CULTURA FINANCIERA
Para la gran mayoría de nosotros resulta de la máxima utilidad conocer cuáles son los productos que comercializan bancos y cajas de ahorros, cuál es su funcionamiento y a quién van dirigidos.
Como usuarios de estos productos y servicios, a nivel particular o de empresa, tendremos una gran ventaja a la hora de contratar y negociar con los bancos si sabemos de qué productos disponen, cómo funcionan y cuáles son los más adaptados a nuestras necesidades.
Conocer todo esto es todavía de mayor importancia si es que por nuestro trabajo (departamentos financieros, contabilidad o administrativos de las empresas), tenemos que tratar habitualmente con bancos y ya no digamos si estamos interesados en encontrar trabajo en cualquier empresa o institución del ámbito financiero.

LOS INTERMEDIARIOS FINANCIEROS
Los diversos agentes que participan en una economía (particulares, empresas, sector público, etc.), por lo que respecta a su situación financiera, sólo pueden estar en dos situaciones contrapuestas:
- Déficit de financiación: es decir necesitan recursos para financiar sus actividades o proyectos de inversión.
- Superávit de financiación: en este caso les sobran fondos o dinero que no precisan para su actividad ordinaria y que por tanto estarán interesados en rentabilizar.
Tradicionalmente ha sido la labor de los bancos la de poner en contacto a esto dos tipos de agentes, haciendo de intermediario y canalizando los flujos financieros que entre ellos se generan.
El agente económico con exceso de financiación le presta a la entidad bancaria los fondos que le sobran a cambio del pago de un interés y el banco a su vez presta esos fondos a los agentes deficitarios cobrándoles el interés correspondiente.
El beneficio del banco está en la diferencia entre el interés que paga al agente que deposita en él su dinero y el que recibe del agente al que se lo presta. El interés que las entidades financieras cobran por los préstamos que conceden será entonces siempre superior al interés con que remuneran los depósitos. Esto es lo que se conoce como margen ordinario y históricamente ha sido la principal fuente de beneficios de los bancos, aunque el cobro de comisiones por la prestación de servicios cobra cada vez una mayor importancia en la cuenta de explotación de las entidades bancarias.

LOS PRODUCTOS FINANCIEROS
Sabemos ya cuál es la actividad que desarrollan los bancos, de modo que para llevarla a cabo han de precisar de instrumentos que posibiliten esta labor mediadora en el mercado de capitales.
Así pues las entidades financieras han de disponer de dos grandes tipos de productos:
- Productos de pasivo: son instrumentos financieros que permiten que con su adquisición los agentes excedentarios en capital se lo cedan temporalmente al intermediario financiero a cambio de una determinada remuneración. Los ejemplos más sencillos de este tipo de productos son las cuentas corrientes, las libretas de ahorro, los depósitos a plazo, etc.
- Productos de activo: son instrumentos financieros mediante los cuales los bancos prestan sus recursos a los agentes deficitarios de financiación a cambio de un interés. Pertenecen a este tipo de productos, los préstamos, cuentas de crédito etc.
Los bancos y agentes financieros en la actualidad, además de su labor tradicional de intermediarios financieros, cada vez se están convirtiendo más en empresas de servicios financieros que tratan de cubrir todas las necesidades de sus clientes en el ámbito de lo económico. Así los bancos ya no se conforman con captar depósitos y dar préstamos, sino que además, comercializan fondos de inversión, tarjetas, seguros, gestionan los recibos domiciliados (agua, luz, etc.), impuestos y demás.
Por tanto además de los productos de activo y pasivo que veíamos arriba, las instituciones financieras cada vez comercializan una gama mayor de productos financieros que no se ajustan específicamente a ninguno de estos dos tipos. Es por ejemplo el caso de los seguros o los servicios de banca electrónica.
Antes de pasar a estudiar cada uno de estos instrumentos financieros en particular conviene explicar el motivo de la denominación de los "productos de pasivo" y "productos de activo".
Para una empresa comercial o una empresa de fabricación su activo son sus bienes y derechos y su pasivo son sus obligaciones y deudas (esto, desde el punto de vista de la contabilidad financiera).
Pues bien, para un banco estos conceptos se mantienen aunque hay que tener en cuenta que su posición es justo la contraria que la de cualquier empresa o particular.
Veámoslo: para una empresa el dinero que tiene depositado en la cuenta corriente de su banco es un activo, sin embargo para el banco esa misma cuenta corriente es un pasivo ya que significa una obligación, la de devolver ese dinero a la orden de su dueño. De ahí la denominación de "productos de pasivo" para las cuentas corrientes y depósitos en general.
Análogamente para una empresa, un préstamo que tenga contraído con una entidad de crédito supone un pasivo (una deuda), mientras que para la entidad de crédito ese préstamo es un activo, o sea, un derecho a cobrar la deuda con él contraída. Este es el origen de la denominación de "producto de activo" para los préstamos, créditos y similares.
Vamos a estudiar ahora más detalladamente las características y funcionamiento de los diversos productos que comercializan bancos y cajas de ahorros.

PRODUCTOS DE PASIVO

LAS CUENTAS CORRIENTES
Son el producto de pasivo más básico y generalizado. Se trata de depósitos a la vista, es decir, que podemos disponer de ellos en cualquier momento. La forma de movilizar los fondos de una cuenta corriente es a través de un talonario de cheques. Así pues si queremos hacer un reintegro, extenderemos un cheque al portador o a nuestro propio nombre, para poder retirar los fondos.
Al ser una cuenta a la vista, la cuenta corriente admite todo tipo de domiciliaciones, o sea, a través de ella podemos pagar de un modo automático recibos de agua, luz, facturas de nuestros proveedores, etc. También permite la domiciliación de nuestra nómina.
El modo en que se lleva el control del saldo y los movimientos de una cuenta corriente es mediante extractos, que el banco envía al cliente periódicamente por correo. Un extracto no es más que un listado en el que se detallan los movimientos (abonos y cargos) que ha habido en la cuenta en un determinado período y se consigna el saldo de la cuenta.
Al disponer de un talonario de cheques, la cuenta corriente es especialmente útil para empresas que tengan que hacer pagos frecuentes, que podrán realizar extendiendo cheques con cargo a la cuenta. De este modo la cuenta corriente es el instrumento de pasivo más utilizado por las empresas y también por particulares que precisen de un medio de pago rápido y sencillo.
Es además el producto financiero básico, ya que si el cliente desea cualquier tipo de servicio o producto financiero, el banco le exigirá siempre tener una cuenta corriente asociada. Por ejemplo si un determinado cliente solicita un préstamo, el banco le solicitará que aperture una cuenta corriente previamente (si es que aún no la tenía). Así el banco en caso de conceder el préstamo, ingresará su importe en la cuenta corriente y luego cobrará las cuotas (de devolución de capital e intereses) también a través de la cuenta.
Respecto a la remuneración de las cuentas corrientes, ésta suele ser muy baja, prácticamente simbólica, normalmente por debajo del 1%. Esto es debido a que el dinero está depositado a la vista de modo que el banco lo tiene que tener siempre a nuestra disposición. Hoy día, incluso, la mayoría de los bancos aplica comisiones de mantenimiento y administración a estas cuentas, con lo que la rentabilidad para el cliente puede llegar a ser negativa.

LAS LIBRETAS DE AHORRO.
Son productos de pasivo análogos a las cuentas corrientes, es decir, depósitos a la vista que nos sirven de base para acceder a cualquier otro tipo de servicio financiero.
Lo que las diferencia de las cuentas corrientes es el modo de disponer de los fondos, en este caso al cliente se le entrega una libreta que debe presentar en el banco para hacer los reintegros. En esa libreta se van anotando todos los movimientos de fondos y el saldo que tiene el cliente de modo que éste no necesita de los extractos para llevar el control de la cuenta. A cambio de esta ventaja, las libretas de ahorro cuentan con el inconveniente de que no disponen de talonario de cheques, así que resultan de menor utilidad para las empresas que las cuentas corrientes, al carecer de este útil medio de pago. Por tanto las libretas de ahorro son más utilizadas entre los particulares y las familias.
Por lo demás, admiten los mismos servicios que las cuentas corrientes (domiciliaciones de recibos y nóminas, tarjetas, etc., y también tienen una muy baja remuneración.

IMPOSICIONES A PLAZO
También conocidas familiarmente como plazo fijo. Su funcionamiento es el siguiente: el cliente deposita una cierta cantidad de dinero y se compromete a no retirarlo en un determinado plazo de tiempo, o lo que es lo mismo presta su dinero durante un tiempo a la entidad financiera a cambio de que ésta le pague un interés.
Habitualmente el interés se pacta al comienzo de la imposición y es fijo durante su duración. El interés se puede pagar trimestralmente, semestralmente, etc., o al final de la imposición.
Se trata pues de un instrumento de pasivo adecuado para aquellas personas o empresas que tengan unos fondos que saben que no van a necesitar en un tiempo y de los que desean obtener una rentabilidad. Suele tener como soporte una libreta.
Tiene la ventaja de que el interés normalmente está asegurado y no requiere de una gran cultura financiera para su comprensión y contratación. A cambio también tiene ciertos inconvenientes, el principal es la falta de liquidez, pues no podemos disponer de nuestros fondos hasta llegado el vencimiento de la imposición. En algunos casos determinados bancos permiten el reembolso de una imposición antes de su vencimiento a cambio de una penalización sobre los intereses o incluso sobre el capital depositado. Esto sin embargo es una gracia que el banco tiene con sus clientes y que no está obligado a permitir de un modo habitual. De hecho existen ciertos tipos de imposiciones y depósitos (como lo estructurados, que veremos más tarde), en los que el dinero no se puede retirar hasta el vencimiento bajo ningún concepto, de modo, que si el cliente necesitase de esos fondos, se vería obligado a solicitar un préstamo con la imposición como garantía.
La cuantía del interés con que se remuneran las imposiciones, suele estar en función del plazo de las mismas. Lo normal es que a mayor plazo, mayor sea el interés que se paga, ya que el banco podrá disponer de esos fondos durante un mayor tiempo y de este modo emplearlo en proyectos de mayor rentabilidad, además de tener al cliente vinculado durante más tiempo. Sin embargo en épocas de caídas de los tipos de interés, las entidades financieras pueden llegar a pagar más los plazos más cortos. Esto es debido a que si el banco cree que el tipo de interés va a caer a corto plazo, entonces no le interesará ofrecer tipos altos a un plazo largo, ya que si efectivamente los tipos caen, estará obligado a respetar el tipo que se pactó hasta el final del vencimiento, con el consiguiente quebranto de rentabilidad que ello supondría.
En el escenario económico en que nos movemos actualmente, con una economía cada vez más globalizada y en la que los tipos de interés tienden a la baja, los tipos que se pagan en las imposiciones a plazo aunque interesantes, son cada vez más reducidos. Esto ha hecho que de ser prácticamente el único instrumento de ahorro (junto con libretas y cuentas corrientes) utilizado por particulares y empresas, el plazo fijo haya pasado a ser una opción más para el ahorrador, entre las muchas de las que ahora dispone.
A la vista de que para muchos inversores les resulta insuficiente el pago de un interés no muy elevado a lo largo de la vida de la imposición, las entidades financieras han buscado otras formas de remunerar los depósitos.
De este modo los bancos han creado depósitos a plazo en los que el interés que se paga no es fijo, sino que va ligado a algún tipo de referencia, como el Euríbor, el tipo de cruce de las operaciones en el mercado interbancario, etc. Así, por ejemplo, podemos encontrar depósitos a plazo en los que se paga el 90% del Euríbor a un año, o el Euríbor a un año menos 0,5 puntos porcentuales.
También existen depósitos en los que el interés que el banco paga, varía (normalmente aumenta) a lo largo de la vida del depósito. Un ejemplo de esto sería un depósito a tres años en el que durante el primer año se pagase un interés del 4%, el segundo año el 5%, y el tercero el 6%.
Otro tipo de depósitos es el que paga, no según un tipo de interés, sino según la revalorización de un índice bursátil (o una cesta de índices). Lo más común es que se le garantice al impositor el capital inicial y que se le remunere con un porcentaje de la revalorización de un determinado índice bursátil. De esta forma el ahorrador puede obtener una buena rentabilidad en caso de que la bolsa suba sin arriesgar su dinero, ya que se le garantiza el reembolso del dinero que aportó al vencimiento de la imposición aunque la bolsa haya caído. Esta es pues una buena forma de invertir en bolsa sin correr riesgos. Un ejemplo de este tipo depósitos sería uno que dentro de dos años nos garantizase el capital invertido más el 70% de la revalorización mensual media del índice Dow-Jones.

A curso de productos financieros: Parte 2

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