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Introducción curso prod. fcieros.

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A zona de exámen



Curso de productos financieros: Parte 4

PRESTAMOS HIPOTECARIOS
Los préstamos hipotecarios tienen un funcionamiento similar a los personales, lo que los diferencia de éstos son las garantías.
En un préstamo hipotecario, el titular de la operación además de responder de un modo personal de la devolución, aporta en concepto de prenda un bien inmueble que queda afecto al buen fin del préstamo, de modo que si el titular no paga el préstamo, la propiedad del bien hipotecado pasa al banco. Se trata pues, de una garantía hipotecaria.
En este tipo de operaciones, por tanto, el banco exige la constitución de la hipoteca sobre el bien afecto, en escritura pública ante notario y su posterior inscripción en el registro de la propiedad. La hipoteca ante notario, posibilita que el banco pueda acudir a la vía ejecutiva para reclamar la propiedad del bien hipotecado en caso de incumplimiento del deudor.
Lo habitual es que el bien hipotecado sea el que el cliente desea adquirir con el importe del préstamo, en este caso, al mismo tiempo que se hace la compra-venta en el notario, se constituye la hipoteca.
También existe la posibilidad de que el cliente hipoteque un inmueble del que ya es propietario, para de este modo obtener un préstamo que de otro modo no le sería concedido y cuyo importe puede destinar a cualquier fin.
Los préstamos hipotecarios, son el instrumento adecuado para la financiación de viviendas u otros bienes de alto valor, ya que al tener el banco una garantía real, puede conceder importes mayores, a un mayor plazo y a un menor tipo de interés que en los préstamos personales.
Como indicábamos al principio, el funcionamiento en sí de un préstamo hipotecario es, aparte de las garantías, igual al de un préstamo personal. Por tanto los préstamos hipotecarios, también pueden ser a tipo fijo o variable, les son aplicables las mismas comisiones que a un préstamo personal y el método para el cálculo de las cuotas también es el mismo.
Los más comunes son los préstamos hipotecarios variables, ya que su tipo de interés suele ser más interesante que en los fijos, puesto que al tratarse de operaciones normalmente a plazos largos (pueden llegar a 35 años), existe un alto riesgo de cambios en los tipos de mercado a lo largo de la vida del préstamo, riesgo ante el que el banco estará cubierto si el préstamo es variable y el tipo se revisa cada año. Así el banco aplicará un interés más bajo a los préstamos hipotecarios variables que a los fijos puesto que a estos últimos les aplicará una sobreprima en el interés para compensar su mayor riesgo.
El titular de un préstamo hipotecario puede ser una persona física (particular) o jurídica (sociedades, organismos, etc.).
Como decíamos antes son el instrumento ideal para que las familias financien la compra de vivienda. Las empresas los suelen utilizar para financiar la construcción de naves o compra de terrenos.

LAS CUENTAS DE CRÉDITO
Consisten en una cuenta de funcionamiento similar al de una cuenta corriente, con la diferencia de que en la cuenta de crédito, el cliente dispone de crédito, de modo que puede retirar dinero de la cuenta aunque no disponga de fondos hasta el límite del importe del crédito.
Así una cuenta de crédito puede tener saldo a favor del cliente o a favor del banco, a diferencia de la cuenta corriente en la que el saldo siempre es a favor del cliente.
Las cuentas de crédito son utilizadas fundamentalmente por empresas o profesionales que tienen necesidades puntuales de tesorería motivadas por la diferencia temporal entre cobros y pagos. El ejemplo típico de alguien que necesita una cuenta de crédito, es un profesional que tiene concentrados sus pagos habituales a principio de mes, pero que no cobra de sus clientes hasta final de mes. Este profesional, con una cuenta de crédito solventaría el problema, ya que podría retirar dinero de la cuenta durante todo el mes (dejándola con saldo negativo), e ingresar fondos a final de mes (reduciendo ese saldo negativo o poniéndola incluso con saldo positivo a su favor).
El banco a cambio de la concesión de una cuenta de crédito, le cobra al cliente un determinado interés (que también puede ser fijo o variable), además de comisiones de apertura y estudio y una comisión de no disponibilidad, que consiste en que el banco le cobra al cliente un determinado porcentaje (por ejemplo el 2%) sobre el importe del crédito que no ha sido dispuesto (utilizado).
El cálculo de los intereses se hace aplicando el tipo pactado sobre el importe dispuesto del crédito.
Los bancos conceden a sus clientes cuentas de crédito por un importe determinado (límite del crédito) y con una duración determinada, generalmente uno o dos años, una vez pasados los cuales la cuenta se cancela, para lo cual ha de tener saldo cero o positivo, es decir que el cliente tiene que haber devuelto todo el crédito del que haya dispuesto. También existe la posibilidad de renovar la cuenta a su vencimiento.
Las cuentas de crédito normalmente liquidan intereses trimestralmente, en ese momento se calcula el interés que se aplica sobre el importe dispuesto, la comisión de no disponibilidad sobre el importe no dispuesto, y en caso de que en algún momento la cuenta haya tenido saldo a favor del cliente, también le es remunerado ese saldo. Así pues se calculan esos tres importes y la suma le es repercutida al cliente.
Los bancos normalmente exigen la formalización de las cuentas de crédito en póliza intervenida ante notario. Pueden ser titulares de las mismas, personas físicas o jurídicas y para su concesión el banco puede exigir las mismas garantías que para un préstamo, es decir, avalistas, hipotecaria, etc.

LINEAS DE DESCUENTO
Son un instrumento financiero que permite que el banco adelante los derechos de cobro de sus clientes. Son útiles por tanto, para empresas y particulares que cobran a sus clientes de forma aplazada. El cobrar las ventas o servicio de un modo aplazado es común en el tráfico comercial y darle esta posibilidad a los clientes, es para muchas empresas un poderoso argumento de venta. Por ejemplo es muy común el cobro a 30, 60 y 90 días, para lo cual el proveedor le gira letras aceptadas o no, o incluso simples recibos a su cliente, que éste ha de ir pagando en esos plazos.
Pues bien, una empresa que aplaza los cobros a sus clientes por motivos comerciales, puede sin embargo, estar interesada en hacer efectivos esos derechos de cobro (letras o recibos), sin tener que esperar al vencimiento de los mismos. Para ello puede contratar con su banco una línea de descuento, mediante la cual el banco le anticipa el importe de las letras y recibos que gira, a cambio de las correspondientes comisiones e intereses y le cede además al banco el cobro de esos derechos (endoso). De este modo es el banco el que cobra el efecto a su vencimiento.
El banco a cambio de este servicio le cobra a su cliente el interés que se haya pactado, aplicándolo al nominal del efecto y durante el tiempo que reste hasta su vencimiento. El importe de estos intereses es descontado del importe del efecto que se le adelanta al cliente. Además también se suele aplicar una comisión fija por efecto.
También se suelen aplicar en el momento de contratación de la línea, comisiones de apertura y estudio.
Los bancos exigen la formalización de la línea de descuento en póliza ante notario. En la misma se establece el importe máximo que el banco descontará, el tipo de interés (fijo o variable), las comisiones, así como la cláusula "salvo buen fin", que permite que si el efecto resulta impagado, el banco reclame el dinero a su cliente y le devuelva la titularidad del derecho de cobro.
Así pues, las líneas de descuento permiten el anticipo de múltiples efectos hasta llegar al límite contratado con el banco, si bien éste se reserva el derecho de aceptar o no el descuento de cada efecto individualmente.
El que la operación del descuento se realice "salvo buen fin", hace que si llegado el vencimiento del efecto, éste fuera impagado, el cliente tendría que devolver al banco el importe adelantado además de una comisión por el impago, eso sí, volvería a tener la titularidad del derecho de cobro.

AVALES
A veces se le exige a una empresa o a un particular la presentación de un aval bancario para responder del cumplimiento de un contrato o una obligación o simplemente para aplazar un pago, de modo que si el avalado no cumple lo pactado, el banco que lo avala ha de desembolsar el importe del aval.
Como es natural, el banco cobra al cliente que lo precisa, la correspondiente comisión de aval (similar a la comisión de apertura), además de los intereses que se hayan pactado.
La representación material del aval bancario es una carta de aval en la que se indica que el banco avala a su cliente ante alguien, para un determinado fin y por un determinado importe, además de la duración del aval.
Así pues, esa carta es la que ha de entregar el avalado a quien le exige el aval. En caso de que el aval sea de duración indefinida, éste permanece en vigor hasta que la carta le es devuelta al banco, el cual por tanto le sigue cobrando intereses a su cliente hasta ese momento.
En el caso de que se tuviera que hacer efectivo el aval por incumplimiento del avalado, entonces el banco habría de satisfacer el importe avalado a la persona o entidad ante la que se avalaba al cliente. Tras pagar la cantidad avalada, el banco reclamará la misma a su cliente (el avalado), que deberá reembolsársela.
Todo este proceso, así como las condiciones específicas de cada operación de aval, han de venir reflejadas en la póliza ante notario que los bancos exigen para la formalización del aval.

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